El juicio más seguido del ecosistema tecnológico global llegó a su conclusión. Un jurado federal en Oakland, California, falló en contra de Elon Musk en su demanda contra OpenAI y su CEO Sam Altman, poniendo fin a un proceso de tres semanas que reunió testimonios de algunas de las figuras más influyentes de la industria de la inteligencia artificial.
El veredicto, emitido tras menos de dos horas de deliberaciones y adoptado de inmediato por la jueza de distrito Yvonne Gonzalez Rogers, no abordó el fondo de las acusaciones de Musk sobre una supuesta violación del mandato caritativo de OpenAI. En cambio, determinó que las reclamaciones fueron presentadas fuera del plazo legal de tres años establecido por el estatuto de limitaciones. La demanda contra Microsoft, también nombrada como codemandada por supuestamente haber facilitado la transformación de OpenAI hacia una estructura con fines de lucro, fue igualmente desestimada.
Musk reaccionó desde su red social X calificando el fallo de "tecnicismo de calendario" y anunciando que apelará ante el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito. "No hay duda para nadie que siguió el caso con detalle de que Altman y Brockman se enriquecieron robando una organización caritativa. La única pregunta es cuándo lo hicieron", escribió. Su equipo legal intentó reservar el derecho de apelar directamente ante la jueza, quien expresó escepticismo y señaló estar preparada para desestimar el recurso en el acto.
El abogado principal de OpenAI, William Savitt, describió el fallo como una decisión sustantiva, no técnica, argumentando que Musk retuvo sus reclamaciones para utilizarlas como herramienta competitiva. "Lo hiciste demasiado tarde, y lo hiciste porque estabas guardándolas para usarlas como arma de un competidor que no puede competir en el mercado", declaró fuera del tribunal.
El caso se remonta a 2024, cuando Musk demandó a Altman y OpenAI acusándolos de abandonar la misión caritativa fundacional de la organización en beneficio de intereses personales. Musk había contribuido con aproximadamente 38 millones de dólares a OpenAI desde su fundación en 2015, bajo el entendido, según argumentó, de que la organización desarrollaría inteligencia artificial para el beneficio de la humanidad. Los abogados de OpenAI respondieron que las donaciones no tenían restricciones específicas y que la reestructuración hacia un modelo con fines de lucro era la única forma de competir en una carrera tecnológica de alto costo frente a Google DeepMind. También presentaron evidencia de que el propio Musk había propuesto estructuras con fines de lucro condicionadas a que él mantuviera el control, incluyendo la propuesta de fusionar OpenAI con Tesla.
El veredicto llega en un momento crítico para ambos protagonistas. OpenAI levantó 122,000 millones de dólares en marzo con una valoración superior a 850,000 millones, y avanza en sus modelos y servicios al consumidor. Musk, por su parte, prepara la salida a bolsa de SpaceX, valuada en 1.25 billones de dólares tras su fusión con xAI en febrero.
next+ ha seguido este caso desde su inicio, cubriendo cada etapa del proceso: desde la demanda original, pasando por los testimonios más reveladores, incluida la declaración de Shivon Zilis que expuso los planes de Musk para absorber OpenAI dentro de Tesla, hasta este veredicto final. Lo que el juicio dejó como legado no es solo el resultado legal, sino el retrato que construyó sobre cómo se disputa el poder dentro de la industria que está definiendo el futuro de la inteligencia artificial. La apelación de Musk mantiene el caso técnicamente abierto, pero el tablero competitivo ya tiene un ganador claro en esta primera batalla.
