Durante la última década, la transformación digital permitió que miles de emprendedores en América Latina ampliaran la forma de vender. Primero llegó el punto de venta digital; después el comercio electrónico; más tarde los marketplaces y las redes sociales. Cada nuevo canal representó una oportunidad para acercarse a más clientes y expandir el negocio.
Sin embargo, hoy el desafío ya no consiste únicamente en vender en más lugares. La siguiente etapa de la transformación digital está ocurriendo dentro de las empresas: integrar la operación para que ventas, inventarios, pagos, facturación y atención al cliente funcionen como un mismo sistema de información.
En otras palabras, el comercio está dejando de medirse por la cantidad de canales disponibles y comienza a diferenciarse por la capacidad de las empresas para tomar decisiones con base en datos.
La OCDE identifica que el comercio digital está evolucionando hacia modelos de negocio donde convergen el comercio electrónico, los pagos digitales, la omnicanalidad, las nuevas tecnologías y el aprovechamiento de datos. Para las pymes, este cambio implica que la transformación digital ya no consiste únicamente en vender por más canales, sino en integrar la información de toda su operación para tomar mejores decisiones.
La información comienza donde termina la intuición
Durante décadas, las pequeñas empresas crecieron gracias a la experiencia de sus fundadores. Conocer al cliente, entender el comportamiento del mercado y reaccionar rápidamente ante los cambios permitió construir miles de negocios exitosos en la región. Esa experiencia continúa siendo uno de los activos más importantes de cualquier emprendedor. Lo que ha cambiado es la posibilidad de complementarla con información que antes simplemente no existía.
Hoy cada venta, cada movimiento de inventario y cada interacción con un cliente genera datos que permiten identificar patrones de consumo, entender qué productos tienen mayor rotación, anticipar necesidades de abastecimiento y responder con mayor rapidez a la demanda. La diferencia es que la digitalización ya no consiste únicamente en registrar operaciones. Su verdadero valor aparece cuando esa información ayuda a tomar mejores decisiones. Los datos no sustituyen el conocimiento del emprendedor, lo fortalecen.
Cuando un negocio cuenta con información organizada puede reducir errores, optimizar recursos, responder con mayor agilidad y crecer con mayor orden.
En este contexto, la propia OCDE advierte que la digitalización está redefiniendo la competencia y posicionando el aprovechamiento estratégico de los datos como uno de los principales diferenciadores para las empresas durante los próximos años.
Para las pymes mexicanas, esta transición representa una oportunidad especialmente relevante. Muchas ya iniciaron su proceso de digitalización mediante plataformas de comercio electrónico, sistemas de punto de venta o soluciones para administrar inventarios.
“El siguiente paso consiste en integrar toda esa información para convertirla en una herramienta permanente de gestión.”
La siguiente revolución no comienza con la IA
Es difícil hablar hoy de innovación, sin pensar en inteligencia artificial. Sin embargo, creo que existe una conversación previa que merece mayor atención. La inteligencia artificial no sustituye el proceso de digitalización.
Una empresa difícilmente podrá aprovechar herramientas cada vez más sofisticadas si aún opera con procesos manuales, información dispersa o datos poco confiables. Antes de pensar en automatizar decisiones, es necesario construir negocios capaces de generar información consistente sobre su propia operación.
Por eso considero que la siguiente ventaja competitiva para las pymes latinoamericanas no será incorporar primero inteligencia artificial, sino desarrollar primero inteligencia de negocio. Es decir, construir emprendimientos que comprendan qué está ocurriendo dentro de sí mismos, antes de intentar predecir lo que ocurrirá mañana.
La verdadera transformación será desarrollar nuevas capacidades
Esta evolución también cambia el papel del emprendedor. Durante muchos años, administrar un negocio implicó vender, negociar y conocer profundamente a los clientes. En los próximos años será igualmente importante desarrollar nuevas capacidades para interpretar información, comprender indicadores y utilizar herramientas digitales como parte del proceso de toma de decisiones.
La OCDE confirma este desafío en su estudio Skills in the AI Age, al afirmar que la falta de habilidades es la segunda barrera más importante para que las pequeñas empresas adopten tecnologías basadas en inteligencia artificial. Es decir, el reto principal ya no es únicamente tecnológico; también es de capacidades.
“Esto significa que la transformación digital no dependerá solamente de las plataformas disponibles, sino de la capacidad que tengan los emprendedores para aprender continuamente, interpretar información y convertir los datos en decisiones que fortalezcan su negocio.”
Así como hace dos décadas aprender a utilizar una hoja de cálculo dejó de ser una ventaja para convertirse en una habilidad básica de gestión, durante los próximos años comprender cómo aprovechar la información será una competencia indispensable para cualquier empresa que aspire a crecer de manera sostenible.
Antes de hablar de inteligencia artificial, las pymes necesitan construir algo todavía más importante: negocios ordenados, conectados y capaces de tomar mejores decisiones a partir de sus propios datos. Esto aún considerando que las empresas han aumentado considerablemente la adopción de la IA en los últimos años.

