El modelo de negocio basado en el "triple play" (internet, televisión y telefonía) enfrenta una crisis de relevancia en México. Totalplay, la empresa de telecomunicaciones de Grupo Salinas, ha reportado una caída del 2% en sus ingresos totales durante el segundo trimestre de 2026, evidenciando que la consolidación de las plataformas de streaming está obligando a una reconfiguración forzosa de la oferta residencial.
La señal más clara de la presión sobre el negocio es la caída del Ingreso Promedio por Usuario (ARPU), que descendió un 4.4%, pasando de 607 a 580 pesos en comparación con el año anterior. Según la compañía presidida por Eduardo Kuri, este fenómeno se atribuye directamente a una mayor proporción de suscriptores que optan por paquetes de doble play (solo internet y telefonía o televisión), descartando el servicio de televisión restringida que tradicionalmente elevaba el valor de la factura.
Esta tendencia no es aislada; la consultora Select ya reportaba una saturación al cierre de 2025, con una caída del 0.4% en el mercado de triple play. La migración es estructural: los usuarios perciben cada vez menos valor en la televisión de paga conforme los contenidos —especialmente los deportivos— se trasladan a plataformas de video bajo demanda.
Internet fijo: El único activo crítico
Para los analistas, la telefonía fija ha dejado de ser un factor determinante debido a la masificación móvil, y la televisión restringida ha perdido su estatus como servicio de valor agregado capaz de justificar instalaciones complejas. Como señala Jesús Romo, analista de GlobalData: "El internet fijo es el servicio más importante porque habilita otros casos de uso", dejando al sector a la espera de mejoras estructurales o tarifarias que compensen la pérdida de valor de los servicios complementarios.
La paradoja de los costos operativos
A pesar de la caída en ingresos, el cambio en la mezcla de suscriptores generó un beneficio inesperado para la rentabilidad operativa de Totalplay. La menor contratación de servicios de televisión redujo el gasto en adquisición de contenidos, lo que ayudó a contener los costos operativos frente al incremento en rubros de mantenimiento y soporte. Sin embargo, este alivio es temporal y no resuelve el reto de fondo: encontrar un nuevo modelo de negocio que sustituya la rentabilidad perdida del triple play.
Desde la mirada editorial de next+, el caso de Totalplay confirma que el empaquetamiento tradicional ya no es una barrera de salida efectiva para el cliente. Lo que observamos es una transición hacia la conectividad pura, donde el operador deja de ser un curador de contenido para convertirse estrictamente en el habilitador del acceso. Para los directivos del sector, la supervivencia dependerá de la capacidad de monetizar servicios digitales adicionales que realmente aporten valor en una economía dominada por el streaming.
