Una acción de publicidad de guerrilla en las calles de Londres ha situado a Meta en el centro de una severa crisis de reputación pública. La marquesina publicitaria instalada en Carnegie Street, a pocos metros de las oficinas centrales de la compañía en King's Cross, mostraba una fotografía de archivo del fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein editada con las gafas inteligentes Ray-Ban Meta, acompañada del contundente lema: “Glasses for people who don’t do consent” (Gafas para gente que no respeta el consentimiento).
La autoría de la acción fue reivindicada por Everyone Hates Elon, un colectivo británico de activismo político y culture jamming. El grupo instaló el cartel en un espacio publicitario exterior para llamar la atención sobre las implicaciones éticas y los vacíos legales en torno a los dispositivos portátiles con cámaras e Inteligencia Artificial integradas, capaces de registrar audio y video en espacios públicos sin el consentimiento explícito de las personas grabadas.
El impacto en plataformas digitales como Reddit y X fue inmediato, viralizándose bajo calificativos despectivos hacia el dispositivo como "pervert glasses". La protesta se produce en un momento de creciente escrutinio para la tecnológica dirigida por Mark Zuckerberg, debido al mal uso del dispositivo por parte de ciertos creadores de contenido y manfluencers para grabar a desconocidos en gimnasios, transporte público y vías públicas. Aunque las gafas incorporan una luz LED para indicar cuándo la cámara está activa, diversos colectivos y reguladores consideran que esta medida es insuficiente para proteger la privacidad individual.
Desde la perspectiva del equipo de next+, este incidente demuestra que el principal obstáculo para la adopción masiva del wearable tech es la aceptación social y ética. Cuando un producto físico empieza a asociarse de forma colectiva con la vulneración de la privacidad y el acoso, la percepción pública negativa puede neutralizar por completo las inversiones multimillonarias en hardware e IA. Las Big Tech no solo deben diseñar productos funcionalmente avanzados, sino anticipar y mitigar las fricciones sociales mediante sistemas de salvaguarda de privacidad más rigurosos. De lo contrario, se arriesgan a que el estigma público limite el uso del dispositivo y fuerce una regulación gubernamental restrictiva que frene la innovación en tecnologías inmersivas.
